martes, 17 de julio de 2012

Catastrófico a la par que inmejorable



Lunes 16 de Julio


La jornada empezó temprano, había que coger el barco y no sabía dónde. Desayuno, y compro un par de bocatas de pan dulzón. Esto de hacer un crucero por el Mekong no es como pueda parecer. El barco, la barcaza, está llena de sillones de autobús viejo. Tenía que salir a las 11, a las 11 no había más de 25 personas, creí que el viaje iba a ser tranquilo. A las 11:15 han llegado 80 guiris dispuestos a coger el barco, tenían billetes. No cabíamos, la gente que estaba sin sitio ha empezado a protestar para que pusieran otro barco. “Nanai, cabemos todos”. Han empezado a meter sillones de otros barcos y sillas de plástico. Yo tenía mi sitio y estaba genial. Nadie quería sentarse conmigo. Cuando hemos zarpado (12:00) ha aparecido una mujer con tres niños. Y se han sentado en el suelo. Pfrrrrr. Cojo mi mochila y me voy a buscarme la vida, les cedo el sitio. He acabado en la popa, con los franceses protestones. La popa en este barco es la cocina, por lo que hemos acabado turnándonos como un tetris,  por supuesto, la cocina no era vitrocerámica, era una chapa negra del tizón que nos ha servido de asiento (ya he hecho la colada, mañana más). De todas formas, el hecho de ir incómodos ha servido para reírnos un rato y poner a prueba mi francés. El viaje ha sido indescriptible, mejor hacerlo, no esperaba vernos inmersos en unos parajes tan espectaculares. No he hecho apenas fotos, no captan lo que es.
Al final de la tarde hemos llegado a un pueblo en medio de la nada, o eso parecía. Según tenía entendido no había nada. Pero cuando hemos bajado nos han asaltado los dueños de los hoteles del pueblo haciendo ofertas y montándonos en furgonetas (en la batea, claro, con las mochilas). La oferta que hemos aceptado, los viajeros de la “cocina” hemos venido al mismo sitio, ha sido la mejor que he tenido hasta ahora (habitación doble con baño 120 Baths). Es la mejor habitación en la que he estado y la más barata. Además, el hotel tiene una terraza enorme que da al Mekong.  Ahora, de noche, velas en las mesas, llueve, suena Bob Marley…


Martes 17 de julio. Segundo día de crucero.

Hemos continuado el viaje hasta Luan Prabang. Más o menos lo mismo de ayer, incomodidad, vistas que no te dejan dormir. Todos un poco más cansados. En este tramo se han montado unos monjes budistas. Después de un saludo con la cabeza y algunas sonrisas, dos novicios me han hecho indicaciones para que les siguiera hasta el tejado del barco. He tardado tiempo, el tiempo de soltar las chanclas. Allí arriba, fresquitos y con las mejores vistas, nos hemos presentado, no recuerdo sus nombres ni sabría escribirlos. Ha aparecido una mano con tres latas de cerveza (ahora lo entiendo todo). Después de la mano venía una cabeza, cuando me vio les dijo que no podíamos estar allí ( el mejor sitio del barco). Así que otra vez para abajo. Me dan las latas a mi. Justo cuando entro en el barco, frente a mi, estaba el maestro budista, con cara de pocos amigos. Me tenía que pillar a mi con las cervezas. Me hago el guiri y me escondo en la popa. Al rato vienen los chavales y acabamos charlando un rato (media hora intentado que Ismael diga gracias en su lengua). Muy divertido.
Acabando la tarde hemos llegado a Luan Prabang. donde nos hemos alojado en un hostal, los australianos, Mauricio de Colombia y yo. Después me he ido a cenar con los australianos.





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